Punto y final.
Seamos sinceros, lo que subyace aquí, en este esperpéntico rectángulo, no es el deseo metafísico de transcender de un alma noble, pero tampoco es la voluntad recíproca de ser amado de un demonio deudor de buenas intenciones. Lo único que resta de vacío es lo que se le sacrifica al tiempo. Y cuando el tiempo de dedicación a una pasión que no es sino un capricho pasajero de transcender, se mezcla con la escritura mal entendida, nacen aberraciones e insultos de la razón, que de otra manera nunca tendrían cabida en el mundo del arte.
Por eso esta larga retahíla de estupideces mal o bien dichas, es declarada, hoy domingo, oficialmente cesada de entre los vanos deseos de la humanidad urbanita y malcriada de transcender más allá de sus fronteras corporales. Abandono tanto egocentrismo y tanta mentira junta, porque siempre he sido demasiado orgulloso como para creerme igual al resto. Lo repito de mi boca, si no lo habíais entendido por boca de Nadia: ni uno solo de vosotros tenéis la más remota idea de qué fue de vuestra maldita dignidad el día que os digeron que vendría gente a comentar vuestras aglutinaciones fecales de letras si cumplíais los parámetros socialmente admitidos que se olvidan de ser consecuentes con la tragedia de este mundo en descomposición.
Renaceré cuando mi cruel honestidad no choque con vuestros deseos de ser el centro de atención, ni con vuestras ganas de creer que cuatro versos mal construidos os definen y os representan artísticamente como personas. Reniego de ser considerado un devorador de ilusiones: porque guardo demasiadas para mí mismo. Renaceré: pero no estáis invitados.
2 valientes.